abril 09, 2009
Ordeñar las vacas
Entre las actividades de los pobladores de Galipán, el ordeño de vacas fue una faena muy común en las generaciones pasadas, realizada quizás mayormente por mujeres. Esta tarea no es tan sencilla como parece y supone varios pasos. Primero, el ordeñador pone al becerro a mamar de la ubre de la vaca por un breve instante, con el fin de estimular la bajada de la leche, a la vez que limpiar las tetillas de la vaca. Seguidamente, y después de amarrar al becerro, el ordeñador coloca un recipiente pequeño bajo la ubre de la vaca y, colocando los dedos de un modo muy particular, va exprimiendo cada tetilla. A medida que obtiene una cantidad suficiente de leche, procede a vaciarla en otro recipiente más grande, y así sucesivamente, hasta completar las cuatro tetillas. En esta labor es usual el revoloteo de moscas que son espantadas por la vaca meneando su cola. Una vez vaciada toda la ubre, el becerro es soltado para que se amamante completamente. Luego en casa, la leche es hervida para eliminar cualquier contaminación. En Galipán, era usual ver a la madre salir a ordeñar las vacas, muy temprano al amanecer y al caer la tarde. En ocasiones, la actividad es compartida por los hijos quienes se dedican a observar y aprender. En la actualidad, son pocas las vacas que se aprecian en la comunidad, pero sin duda es una costumbre que perdura con los años.