Una de las principales preocupaciones alrededor de la cual gira la dinámica campesina de los galipaneros es la de proveerse de agua. “Echar el agua” es una expresión absolutamente autóctona que está cargada de especial significado para los pobladores. “Echar el agua” consiste en ir a los manantiales de las montañas más altas donde conectan un sistema de tuberías y mangueras que atraviesa los terrenos irregulares, los árboles, los ríos, las huertas, las casas, los caminos y las carreteras, a través del suelo o del aire –según convenga-, hasta llevarlo a los tanques de las viviendas familiares, aprovechando el principio de gravedad. El sistema para recoger el agua es construido por grupos de familias o vecinos que se ponen de acuerdo para costear los materiales y poner la mano de obra, incluyendo padres e hijos, viejos y jóvenes. También se utiliza la estrategia de pagar a una o dos personas para “echar el agua”. La faena requiere de un gran esfuerzo ya que deben atravesar la montaña por picas y parajes riesgosos, durante largas caminatas de varias horas, incluso de un día completo. Para realizar la actividad llevan comida, linterna y los materiales requeridos. Son diversas las limitaciones que enfrentan las personas que van a “echar el agua”.
Una estrategia que emplean algunos pobladores es turnarse el horario para llenar los tanques; por ejemplo, un vecino toma el agua de día y luego cierra su llave de paso para que el otro vecino tome el agua de noche, y así todos llenan sus respectivos tanques. Si embargo, a veces hay que enfrentar a algún vecino inconsciente que no toma las previsiones para mantener el sistema de flotantes debidamente acondicionado, ocasionando el derrame descontrolado del agua, dejando a otros vecinos sin el líquido.